El fin del latigazo cervical

El fin del latigazo cervical en los accidentes de tráfico

La reforma del baremo del 2015 puede suponer de facto el fin del latigazo cervical, que ya no implicaría una indemnización salvo en supuestos muy extremos.

el fin del latigazo cervical en accidente de tráfico

Como despedida de fin de legislatura los amigos del Partido Popular, siempre tan solícitos con el gran capital y los lobbys, les han hecho el favor definitivo a las compañías de seguros, realizando un doble cambio legislativo que muy probablemente suponga el fin del latigazo cervical en accidentes de tráfico.

Por un lado, se ha procedido a aprobar una profunda reforma del baremo de tráfico. La misma ha sido vendida a bombo y platillo por la prensa afín con titulares como “las indemnizaciones por muerte se duplicarán” o “los grandes lesionados medulares verán sus indemnizaciones equiparadas a las del resto de Europa”. Siendo esto verdad, omiten los medios de comunicación el “detalle” de que las indemnizaciones por muerte y lesiones importantes suponen en términos económicos el catorce por ciento del desembolso de las aseguradoras respecto de pagos por daños personales. El otro ochenta y seis por ciento viene referido a indemnizaciones por pequeños lesionados, y en buena parte la referida al latigazo cervical, que es la lesión más habitual en los accidentes que se producen en ciudad y carreteras comarcales.

Y ahí es donde han puesto el ojo las aseguradoras desde hace tiempo, presionando al gobierno hasta que éste les ha puesto en bandeja el fin del latigazo cervical. Con la nueva reforma del baremo para tener derecho a cobrar una indemnización por las secuelas que generalmente se derivan de este tipo de lesión será preciso que el accidentado demuestre clínicamente la existencia de las mismas. Se da la circunstancia de que dichas secuelas, que tradicionalmente se concretan en cuadros de limitación por dolor, para poderse objetivar necesitan de una resonancia magnética (y aún en muchos casos es preciso una exploración manual del médico). Pero claro, cuando uno acude a urgencias la única prueba que se le hace es una radiografía, en la cual difícilmente se puede detectar el problema cervical. Y ahí empieza el “círculo virtuoso”: como en la radiografía no aparece el latigazo la compañía propia (que es la que tiene que abonar las facturas médicas) solventará la cuestión brindándonos una rehabilitación superficial en alguno de sus “centros afectos” y dándonos posteriormente el alta sin secuelas. Por lo tanto, por mucho que manifestemos que nos resta dolor en las cervicales, o dolor lumbar, o cefaleas, como no podremos acreditar la existencia de lo que per se es invisible (el dolor) nos quedaremos sin cobrar secuela alguna, y aún nos deberemos dar con un canto en los dientes si se nos indemnizan los días de sanidad que precisemos para restablecernos.

Uno podría pensar que una buena manera para objetivar la existencia de un esguince cervical sería a través del médico forense, pero “casualmente” al mismo tiempo que aprobaba el nuevo baremo, el gobierno introducía a través de la reforma del código penal otra modificación: las reclamaciones por lesiones ya no se efectuarán en vía penal, sino civil, por lo que el médico forense quedará excluído de la valoración de lesionados en accidente de tráfico. Conclusión: el fin del latigazo cervical en dos jugadas.

Quiero pensar que se podrá arbitrar a través de la jurisprudencia una fórmula para evitar que se cometan esos abusos que nuestro bien amado gobierno se ha encargado de propiciar.

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