La edad y la indemnización

La edad y la indemnización en accidente de tráfico

¿Cobrarán la misma cantidad de dinero del seguro un niño y un anciano si tras sufrir un accidente de tráfico resultan con las mismas lesiones? Veamos si guardan relación la edad y la indemnización

la edad y la indemnización por accidente de tráfico en Tenerife

La edad y la indemnización en caso de accidente de tráfico, si las analizamos de forma somera, no parecen guardar una relación que implique la influencia de la primera en el montante de la segunda. Hemos de suponer que se nos indemniza por haber sufrido un daño, por no poder realizar nuestras ocupaciones habituales durante un tiempo determinado, por haber incurrido en una serie de gastos que no hubiéramos tenido de no mediar el accidente, de resultar con alguna dolencia, limitación o marca que habrá de perdurar en el tiempo, etc. Bien podría mantenerse la teoría de que estos conceptos indemnizatorios no deberían calcularse tomando como variable la edad del accidentado.

No obstante, en el baremo de tráfico observamos que de manera directa o indirecta la edad y la indemnización interactúan a la hora de calcular el montante de la reclamación. El caso más evidente es el de las secuelas: en la tabla donde se convierten los puntos en dinero es fácil observar que el valor del punto va recortándose a medida que la edad que tuviera el accidentado en la fecha del siniestro sea mayor. Dejando de un lado que los tramos de edad son muy abruptos (hubiera sido mejor, a mi juicio, una transición más suave, año a año) está claro que para el legislador la misma secuela merece una mayor indemnización cuanto más joven es el que la padece. El motivo esgrimido es que cuanto mayor es una persona menos tiempo tendrá que padecer -en principio- la secuela, y asimismo es de suponer que la misma vendrá a aterrizar en un contexto donde la salud ya estará más deteriorada. Cierto forense me comentaba el otro día que a partir de los treinta y pico la mayoría de personas ya tenemos artrosis, sólo que ésta se halla en estado latente. Por lo tanto, si una persona de edad similar o superior sufre un accidente, habrá que valorar adecuadamente que parte de la patología y secuelas que resten vendrán dadas por el estado de deterioro previo del individuo.

En otros apartados del baremo la edad y la indemnización parecen estar desvinculadas, pero no del todo. Por ejemplo, cierto es que la cantidad de dinero a cobrar por los días de sanidad (hospitalarios, impeditivos y no impeditivos) es la misma con independencia de la edad del accidentado. Pero no es menos cierto que si el lesionado está en edad laboral y trabajando tendrá derecho a cobrar un porcentaje extra. Por tanto, si bien en este caso el hecho diferencial es el estar trabajando o no, no podemos obviar que la posibilidad de acceder al mercado laboral depende, entre otras cuestiones, de la edad.

Algo parecido cabe decir respecto a la incapacidad, aunque aquí la relación entre la edad y la indemnización es algo más compleja: el criterio a la hora de determinar si una determinada incapacidad merece una indemnización mayor o menor dentro de la horquilla que indica el baremo es, además de la gravedad de las lesiones, la mayor o menor juventud de la víctima. Un caso extremo a modo de ejemplo sería ese lesionado en accidente de tráfico que, con sesenta y pico años, resulta incapacitado para su trabajo habitual. Obviamente la indemnización por dicha incapacidad será menor que la que se le pudiera otorgar a una persona más joven, básicamente porque los años que le quedaban de trabajo a aquél son muchos menos.

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